El alcohol es un depresor del sistema nervioso central que ralentiza el funcionamiento cerebral, afectando su juicio, tiempo de reacción, coordinación y visión, todos esenciales para una conducción segura. Incluso pequeñas cantidades pueden afectar su capacidad para conducir y aumentar el riesgo de accidente. La opción más segura siempre es no conducir si ha bebido, por su seguridad y la de los demás.